En clave de praxis: De la innovación pedagógica al proyecto educativo, político y ético.

  


En clave de praxis: De la innovación pedagógica al proyecto educativo, político y ético.

 

 

 

Por Ivone Berenice Martínez Barrón.  (2023). Estudiante de la Licenciatura en Educación e innovación pedagógica. Universidad Pedagógica Nacional. Ciudad de México, México. 200924020@g.upn. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Resumen 

 

La praxis educativa innovadora implica crear y no ha de entenderse como un ente separado de la ética y la política, pues cada contexto social nos marca las pautas y necesidades a considerar para nuestras prácticas, para que valiéndonos de la reflexión, análisis y crítica pedagógica podamos pensarnos en colectivo. Mirar el pasado pero accionando en el presente y tejiendo un futuro con miras en conservar y fortalecer la participación activa y crítica, que cuestione la economía, los derechos, los privilegios, desde lo que las experiencias a través de la propia conciencia subjetiva y colectiva dicten al guiar la praxis social activa que es la educación. 

 

Palabras clave: praxis, educación, Pedagogía, ética, innovación, política, social.



 

 

 

I. La innovación y sus características

 

Para poder hablar de innovar es necesario hablar de procesos mentales, como el semillero de toda creación, ubicar un periodo de tiempo y lugar específicos en los que se delimita la necesidad o problemática que incentiva la innovación. Este proceso es precedido por uno en donde surgen ideas originales o nuevas, llamado creación y es completamente subjetivo. A partir de esto, se generan estrategias, herramientas, técnicas y todo lo que implique materializar dichas ideas en forma de una invención, que puede o no culminar con la implementación y aceptación de algo nuevo que aporte beneficios, mejoras o valor: la innovación. Pero, si bien el término innovación nos resulta familiar, solemos relacionarlo casi inmediatamente a la tecnología. 

 

No toda invención  es una innovación,  para que algo pueda tener ésta característica es menester que logre haber una aplicación de la misma. Los procesos dentro del proceso resultan tan nodales como los resultados, no sólo en el ámbito tecnológico o económico sino -y para interés de nuestra disciplina- la implicación sociocultural que conlleva.  Innovar, requiere que se considere a los agentes sociales, incluso haciendo uso de invenciones o innovaciones anteriores generando nuevas formas de hacer y resolver. Es decir, combinar conocimientos previos y de otras índoles y no sólo crear cosas nuevas, pues es en la innovación donde las subjetividades se trastocan y no puede considerarse fuera del contexto social, o como actos en solitario sino como algo colectivo, tanto que resulta redundante hablar de innovación social, pues lo es por antonomasia. Y, por supuesto no debemos olvidar el papel fundamental que desempeñan la economía y la política en todo lo que implica a la sociedad, pero tampoco podemos negar lo trascendente de que haya una postura ética definida.  

 

Si bien, los proyectos enfocados a la innovación científica y tecnológica deberían ser los primeros interesados en hacerlo de forma ética, la realidad es que la moral es algo que generalmente se excluye de las consideraciones, pues la producción de conocimiento y avances tecnológicos suelen colocarse como prioridades por encima de las cuestiones propias de la moral colectiva. Como señala (Bauman, 2005),  los sujetos que aún no han llegado a este mundo  les tocará aceptar las condiciones antes las que no han tenido voz ni voto, estos son los tiempos actuales, plagados de incertidumbre que queremos no mirar porque incomoda y nos recuerda el peligro y la fatalidad. Al margen de cuál sea la moralidad que se busca, ante todo debe ser una ética de autolimitación (como siempre fue y debía ser la moralidad de proximidad).

 

Hablar de innovación también nos hace mirar hacia la ética, porque es a partir de los valores de las personas, que podemos realizar prácticas respetuosas de la dignidad humana. En el caso de la educación, para producir un conocimiento sistematizado o científico, es necesario un proceso previo de investigación que sustente lo que se argumenta, de esta forma comprendemos que la relación investigación-innovación es mediada por la intervención pedagógica. El conocimiento simbólico es el más recurrido hoy día, pues la industria audiovisual requiere innovación constante que transforme las narrativas y la estética, esto también tiene aplicación en los procesos de enseñanza y aprendizaje. Innovar implica tomar consciencia de las necesidades cambiantes de quienes recibirán, es decir que se requiere ser innovadores en la innovación creando y seleccionando las mejores estrategias para lograr la aplicación. 

 

La innovación verdadera requiere definir nuevos objetivos que impliquen nuevas organizaciones. Por otro lado, el cambio tiene categorías: sustitución, modificación, agregación o renovación. En este tenor, la UNESCO, plantea sugerencias respecto de una utilización pedagógica del pensamiento sistémico. En primer lugar, dentro de una perspectiva de análisis de la situación pedagógica considerada como un sistema. Recogiendo los principales conceptos sistémicos (producto, entrada, persona, obstáculos, estrategias, retroacción), los autores indican el interés de este método para estudiar tanto la clase, como el centro docente (Delorme, 1985). 

 

 

II. La praxis y su relación con la ética y la política

 

Es menester encaminarnos a abordar  la praxis y me gustaría comenzar diciendo que desde mi perspectiva los humanos somos tendientes al caos, por el juego entre tener el poder y ser responsables de la colectividad y no sólo respecto a la tecnología o incluso a las innovaciones, además en la educación y en las cuestiones sociales que tanto debieran ocuparnos. Por lo que considero que una ética tendiente a la producción nos aleja de la posibilidad de los cuidados fundamentales para seguir vivos, pone la vara muy alta dejando de lado cosas necesarias como el cuidado del entorno, o las emociones, para cubrirlas de prisa y objetos que tarde o temprano se vuelven obsoletos. Siento que algo parecido hacemos con los sujetos mismos.

 

El intercambio actual de conocimientos tan vertiginoso hace que surjan nuevos significados que se construyen en la era de la tecnología, de lo que la educación misma es, si bien ha llegado a lugares remotos y se ha vuelto masiva, creo que también tiene ahora ese toque de ser efímero o incluso de enfrentarse ante el desfase entre lo que se ve en la escuela y la realidad del alumnado, por lo que es indispensable conectar su contexto con los aprendizajes. 

 

Es en la innovación educativa donde las subjetividades se trastocan y no puede considerarse fuera del contexto social, o como actos en solitario sino como algo colectivo, tanto que resulta redundante hablar de innovación social, pues lo es por antonomasia. Si bien, no debemos olvidar el papel fundamental que desempeñan la economía y la política en todo lo que implica personas, tampoco podemos negar la trascendencia de que haya una estrecha relación entre la praxis y la ética.

 

La Praxis como todo concepto tiene una pluralidad de significados con carga ideológica, al ser una práctica humana. Es una actividad (o el conjunto de varias) que transforma todo, incluida a ella misma y a los sujetos que la realiza, vista desde el marxismo es una actividad práctica, social y transformadora del hombre sobre la materia, con un grado de conciencia involucrada en el proceso práctico, que puede ser de nivel creador y reflexivo o reiterativa imitativa. 

 

La creación es una actividad de específica naturaleza humana y no se reduce a artefactos, sino también a experiencias de las y los agentes que participan del proyecto. Es así que praxis educativa se acompaña de una postura ética y política, que resulte reflexiva sobre los métodos, técnicas y herramientas que se usan y en este sentido podemos verla como una la praxis humana total, porque va de la creación sobre sí mismo. 

Lo subjetivo y objetivo se dan en el proceso de la praxis de modo indisoluble. Si bien el resultado y el proceso mismo de la praxis es impredecible, sí podemos esbozar panoramas y tener la certeza de que había grandes posibilidades para la praxis freireana, que ciertamente tuvo un resultado único e incluso irrepetible, donde a lo largo del documental podemos notar  este trayecto a través de actividad —> práctica —>teoría —> praxis. 

 

(Sánchez,1980) nos habla de 3 tipos de praxis objetivas, una praxis productiva porque se ejerce sobre una realidad independiente de la conciencia individual. Una praxis artística  que se ejerza mediante un proceso, medios e instrumentos objetivos. Y la praxis revolucionaria, que da lugar a un producto o resultado transformador y de conciencia social. Es así que los movimientos sociales pueden considerarse procesos de praxis justamente porque no hay cabida para la imitación reiterativa. Se transforma la materia, la naturaleza, la sociedad, y nosotros mismos. Quiero creer que es lo que los profesionales de la educación podemos llegar a ser y hacer: una praxis educativa, productiva, artística y revolucionaria; como un proceso complejo, objetivo y subjetivo que implica actividad, práctica y teoría, donde podamos tener esta capacidad para revisar lo ya dicho. Incluso si esto mismo significa de alguna manera desdecirse de sí mismo, porque la praxis educativa se transforma y transforma. 

 

La práctica educativa puede ser una práctica formadora que evoque a un futuro mejor, una sociedad más justa, donde dependiendo del contexto sociocultural cada persona defina sus luchas y se comprometa con una visión de desarrollo integradora, la evolución del acto educativo le da una connotación progresista al reemplazar la educación mecánica y reproductiva por un acto que nos de oportunidad de analizar el propio entorno, nuestra realidad y cómo podríamos transformarlo con una postura ética universal, de responsabilidad en el ejercicio educativo. (Freire, 2009) nos dice que cuando tengo conciencia de mi presencia en el mundo, puedo concebir la ausencia en la construcción de la propia presencia. Desde el movernos en el mundo de forma responsable, pues la enseñanza exige, desde el rigor metodológico hasta la generosidad. Y toca decir que la praxis educativa es parte de la formación docente porque definitivamente la educación y la enseñanza no es para cualquiera. Educar en valores, pero no desde una postura moral y maniquea del bien y el mal, sino desde una postura de conciencia de clase social y el bien común, es decir, la educación como práctica emancipadora. 

 

Ejercitar la creatividad y brindar a los ciudadanos una educación vasta en cultura que contrarreste la dominación y el dogma, a partir de vivir lo vivido, hablar de lo dicho. Repensar, no como una mera repetición de las acciones sino como una práctica analítica, crítica y propositiva con fines comunes a nuestro entorno. Sin duda, orientar la praxis educativa para una educación humanizadora, a partir de la ética universal, con una postura crítica, es posible para quienes aún creemos en cambiar al mundo con la educación y nos hace recordar porqué elegimos ésta trinchera en la lucha contra la hegemonía. 

 

 

III. El proyecto como posibilidad y concreción de lo político

 

En la medida en que nos cuestionamos todo, incluso al conocimiento y a la enseñanza misma, es que podemos observar la relación que guarda la teoría y la práctica en ello, resaltando entonces  lo político como la capacidad social de reactuar sobre las circunstancias determinadas para ajustar la dirección sociohistórica de la realidad, postura similar a la que encontramos en Freiré con la praxis social  como  transformadora también, por eso resulta fundamental el estar siendo en el mundo, el estar construyendo la realidad y desde qué perspectiva nos paramos frente a ella. 

 

Las fuerzas sociales que se transforman en fuerzas políticas son capaces de crear las condiciones para que surjan nuevas fuerzas sociales. Y, lo político es entonces una forma de pensar la realidad histórica desde el cómo se estructura la consciencia social en el marco de  una objetividad (viabilidad) vista desde la subjetividad social. Donde será la voluntad la que de la capacidad para transformar la conciencia y reactivar sobre lo inmediato desde la multiplicidad de situaciones microsociales que permiten articular al sujeto y a sus prácticas (Zemelman, 2001). 

 

Si bien, algunas veces somos capaces de posicionarnos ante estas violencias por evidentes, pareciera que otras realidades y dolencias se nos escapan a simple vista: organizarse y buscar transformar su realidad, pararnos  ante la utopía de una buena vida y convertirla en nuestra propia historia. Hacer uso de la voz, accionar una praxis social innovadora quizá sin nombrarlo, pero que lo cuestione todo, comenzando por la propia capacidad social de re-actuar sobre las circunstancias determinadas para darle la dirección sociohistórica a la propia realidad, teniendo en cuenta nuestras propias ética y necesidades sociales. 

 

Mirar el pasado pero accionando en el presente y tejiendo un futuro con miras a conservar y fortalecer la participación activa y crítica, que cuestione la economía, los derechos, los privilegios, desde lo que las experiencias a través de la propia conciencia subjetiva y colectiva dicten al guiar la praxis social. 

 

Quiero creer que todos y todas podemos soñar con prácticas sociales más justas que parafraseando a Zemelman (2001), nos lleven a convertir  la utopía en historia, a través de proyectos donde las y  los sujetos sociales encabecemos la transformación de nuestras realidades, más allá de estructuras sociales e instituciones. Desde lo político como potencialidad. 



 


Bibliografía 

Bauman, Z. (2005). En busca de soluciones éticas a los problemas de la modernidad en: Ética Posmoderna. México: Siglo XXI. Pp. 247 a 253.

Castro, E. y Fernández, I. (2013). ¿Qué sabemos de? El significado de innovar.Documento: ¿Cómo se innova? Madrid: CSIC, Catarata. Pp. 57 a 67. 

Delorme, Ch. (1985). De la Animación Pedagógica a la Investigación-Acción.Documento: Las corrientes de la innovación.  Madrid: Narcea. Pp. 139- 161. 

Freire, P. (2009). Pedagogía de la esperanza. México: Siglo XXI. Pp. 13 a 15.

Freire, P. (2009). Primeras palabras en: Pedagogía de la autonomía. Saberes necesarios para la práctica educativa. México: Siglo XXI. Pp. 15 a 21.

Hunter y Kieran (1995). La naturaleza narrativa del saber pedagógico sobre los contenidos. Buenos Aires: Ammorrortu editores. Pp. 52 a 55.

Sánchez, A. (1980). Qué es la praxis. Praxis creadora y praxis reiterativa. En  La Filosofía de la praxis. México.

Sociedad civil de las Abejas, Acteal [Koman Ilel]. (5, dic. 2012). Mujeres construyendo buena vida [video]. YouTube. Recuperado de: https://youtu.be/UmJusvtqK2Q

Venturi, T (Director). (2007). Fragmentos testimoniales de una praxis en Paulo Freire contemporáneo [Película]. Encuentro. Brasil. Tomado de https://youtu.be/HRgJFMu9Kpk

Zemelman, H. (2001). Historia y racionalidad en el conocimiento social en: De la historia a la política. La experiencia de América Latina. México: Siglo XXI. Pp. 27 a 39.

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